De peatones, conductores y estrellas

De peatones, conductores y estrellas

Cada año cerca de un millón de personas pierden la vida en accidentes de tránsito y otros 20 millones sufren lesiones por esta causa. La Organización Mundial de la Salud dedicará este año su día más importante a reflexionar sobre esta problemática que en América Latina constituye uno de los primeros factores de muerte y morbilidad.
Alexandra Farfán
Tiempos del Mundo
En las principales avenidas de Bogotá se ven estrellas amarillas por todas partes. Cada una de ellas permanece indeleble en el asfalto para que todo aquel conductor o transeúnte que la vea sepa que, exactamente en ese sitio, la imprudencia se llevó otra vida: la de alguien que no pudo esquivar el exceso de velocidad de su victimario, o quizá la de un mortal desprevenido que, luego de hacer unos cálculos errados, prefirió lanzarse a la aventura de los carriles para no tener que buscar la cima del puente peatonal subiendo los 20 o 30 peldaños de la escalera.
Estas figuras, indudables y aterradoras huellas de vidas humanas, forman parte de una campaña que en julio de 2003 lanzara oficialmente el entonces alcalde mayor de la ciudad, Antanas Mockus, como una estrategia para reducir el número de peatones muertos en la capital colombiana; para esa fecha, la cifra representaba ya el 61 por ciento de todas las personas fallecidas en accidentes de tránsito y, paradójicamente, casi todas las estrellas –como la misma Alcaldía lo dijo en su momento– quedaron dibujadas cerca de puentes peatonales, cruces semaforizados o muy cerca del andén.
Probablemente en otras ciudades de América Latina y el mundo los peatones muertos no se hagan sentir con una estrella amarilla. Pero, igual que en la concurrida Bogotá, el número de accidentes de tránsito es tan alto que para recordar a sus victimas quizá se necesitaría desenrollar miles de kilómetros de avenida y el trabajo permanente de una multitud de hacedores de estrellas. Según las cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 25 por ciento de las muertes debidas a todas las lesiones es el resultado fatal de los accidentes de tránsito. Según esa entidad, solamente en el año 2000, por lo menos 1,2 millones de niños, mujeres y hombres murieron en todo el mundo en hechos de esta naturaleza, y entre 20 y 50 millones de ellas sufrieron traumatismos por la misma causa.
Las cifras son motivo suficiente para que la OMS prefiera considerar la seguridad vial como un problema de salud pública –y no como un asunto de políticas de transporte– , y lo haya elegido este año como tema del Día Mundial de la Salud, jornada que se celebra cada 7 de abril en todo el planeta. Tal como lo consigna en su mensaje para la fecha el director general de la Organización, Lee Jog-wook, “cada día hasta 140.000 personas se lesionan en las carreteras y calles del mundo. Más de 3.000 mueren y otras 15.000 quedan discapacitadas de por vida”.
El director de la OMS hace énfasis en que las cifras actuales son alarmantes, pero advierte que los estimativos para los próximos años son aún peores: “Si las tendencias persisten, en 2020 el número de personas muertas o discapacitadas habrá crecido más del 60 por ciento, con lo que los traumatismos por accidentes de tránsito se habrán convertido en un factor principal de la carga mundial de morbilidad y lesiones”, explica el funcionario. Y ya en el informe, la organización anticipa que los países en desarrollo verán cómo los choques de tránsito serán la segunda causa de mortalidad y morbilidad, mientras que en los países de mayores ingresos sucederá lo contrario gracias a la aplicación de medidas preventivas.
Lee Jog-wook agrega que la peor parte la llevan los países de ingresos bajos y medios, los cuales aportan el 90 por ciento de todas las muertes y casos de discapacidad por esta causa. En América, estadísticas de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) muestran que Estados Unidos, Brasil, México, Colombia y Venezuela son las cinco naciones con el mayor número de muertes relacionadas con el tránsito vehicular (ver recuadro). De otra parte, en Estados Unidos estos accidentes son la principal causa de muerte de hispanos entre 1 y 34 años, y la tercera entre la población de todas las edades, superada solamente por las cardiopatías y el cáncer, según registran las autoridades locales.
La epidemia estadounidense
Además de situarse como el país con el mayor número de accidentes de tránsito en todo el continente, EE.UU. registra varias particularidades en el tema de la seguridad vial. Por ejemplo, estudios de la Administración Nacional para la Seguridad del Tráfico en Carreteras (Nahtsa por sus siglas en inglés) han encontrado que en ese país los hispanos son quienes menos utilizan el cinturón de seguridad. La misma oficina asegura que “aunque los adolescentes hispanos hombres viajan menos millas que otros, tienen casi dos veces más probabilidades de morir en un accidente automovilístico”.
Estados Unidos tiene, según la OMS, la sociedad más motorizada del mundo. En 2002 reportó unos 6,3 millones de choques de tránsito, en los cuales perdieron la vida 42.815 personas y más de 2,9 millones se lesionaron. Según la Nahtsa, en ese mismo año el promedio de muertes por esta causa ascendió a 117 por día. El 86 por ciento de las víctimas eran ocupantes de vehículos, mientras que el 13 por ciento restante lo conformaron peatones, ciclistas y otros usuarios de las vías.
Más carros, menos muertos
Otro aspecto tenido en cuenta por el director general subraya que actualmente algunos de los países más motorizados son justamente los que registran las tasas más bajas de muertes por accidentes de tránsito (menos de 6 por cada 100.000 habitantes al año). “Los países que más éxito han tenido en la reducción de los daños son los que han reunido a muchas instancias distintas, desde la administración pública y la sociedad civil hasta el sector industrial, en programas coordinados de investigación, desarrollo y aplicación en materia de seguridad vial”, asevera Lee Jog-wook.
Esta relación se debe también a que, generalmente, al tiempo que tienen más automóviles, los países de mayores ingresos construyen también más y mejores carreteras, y deciden aumentar su inversión en medidas que contribuyan a prevenir accidentes. Al contrario, muchas de las carreteras de países más pobres no están construidas para soportar los distintos tipos de tráfico y velocidades de circulación. Allí los riesgos son más grandes pues, tal como explica la OMS, “peatones, y conductores de bicicletas, motocicletas y ciclomotores tienen que abrirse camino y compartir con automóviles, furgonetas de pasajeros, autobuses y camiones”.
A pesar de las diferencias geográficas, casi todos los países comparten una constante: los varones de cualquier edad son más proclives a transformarse en estrellas que las mujeres. En 2002, año en que hubo 19 personas afectadas por cada 100.000 habitantes, la tasa masculina ascendió a 27,6, mientras que la femenina apenas llegó a 10,4. La explicación de este fenómeno está en las mismas calles, en donde casi siempre hay más niños que niñas jugando con balones o montando en bicicleta, y más hombres que mujeres conduciendo en estado de embriaguez.
Entre las principales causas de muerte por accidentes de tránsito, la OMS destaca tres: conducir bajo la influencia del alcohol, manejar a alta velocidad y no usar el cinturón de seguridad. La lista es mucho más larga; lo cierto es que todas y cada una de las muertes de aquellos peatones convertidos en estrellas amarillas en Bogotá pudieron evitarse. Por eso para la OMS, “la seguridad vial no es accidental”. El director insiste en los beneficios de los planes de prevención argumentando que “los traumatismos por accidentes de tránsito se pueden prevenir siempre y cuando se reconozca que constituyen un grave problema de salud pública”.
Además de las vidas disueltas en el asfalto, anualmente los accidentes de tránsito generan otro tipo de pérdidas: “Las familias tienen que luchar contra la pobreza si pierden a uno de sus sostenes, o afrontar el gasto suplementario de atender a un miembro discapacitado”, dice la OMS, calculando que en la actualidad viven 100 millones de familias que han tenido que afrontar el dolor y las demás consecuencias.
Cabe anotar también que los costos económicos de las lesiones por estos accidentes ascienden a los 520 mil millones de dólares por año. “Se estima que, en conjunto, los traumatismos por accidentes de tránsito cuestan, como promedio, a los países de ingresos altos un dos por ciento de su PIB, y a los de ingresos bajos y medianos, entre un uno y dos por ciento. En los países en desarrollo, los costos se calculan en cerca de 100 mil millones: dos veces el monto anual de ayuda a los países en desarrollo”, puntualiza la entidad.

Manejando el peligro

Distintos factores aumentan o disminuyen la probabilidad de sufrir lesiones en un accidente de tránsito. La mayoría de ellos pueden ser controlados o reducidos a través de medidas estatales o campañas preventivas. Un documento del Secretario General de Naciones Unidas explica algunos de los elementos determinantes:
Velocidad
Según varios estudios sobre las consecuencias de la velocidad, una reducción del uno por ciento puede disminuir las probabilidades de lesión en un dos o tres por ciento, y los casos de accidentes mortales en aproximadamente el doble. De otro lado, cuando la velocidad de un coche aumenta de 30 a 50 kilómetros por hora, la probabilidad de muerte de un peatón se multiplica por ocho. La llamada ‘presión de los pares’ es un factor que contribuye a que los vehículos circulen a alta velocidad, al igual que el hecho de que los fabricantes de automotores presenten la velocidad como un atributo deseable. Medidas sencillas como la imposición de límites a la velocidad pueden reducir la mortalidad y traumatismos por esta causa.
Alcohol
Se ha demostrado que los conductores y peatones con cierto nivel de alcohol en el cuerpo tienen más probabilidades de verse afectados por las colisiones de tráfico que los que no han bebido, y también de que sus lesiones sean más graves. Múltiples experiencias han demostrado que medidas adecuadas de imposición de la ley contra quienes conducen después de ingerir licor han sido eficaces para reducir las probabilidades de que los accidentes de tráfico vial produzcan víctimas mortales y discapacitados.
Cascos
En los países de bajos y medianos ingresos que se están motorizando rápidamente, el número de motocicletas aumenta paralelamente con la cantidad de lesiones en la cabeza. Los estudios de los países de menos ingresos han demostrado que el uso de cascos bien diseñados reduce el riesgo de heridas en la cabeza entre un 20 y un 45 por ciento. Sin embargo, los cascos construidos a nivel local en los países de bajos y medianos ingresos no siempre están diseñados de manera adecuada, por lo que ofrecen poca protección en caso de colisión. Leyes que exijan el uso del casco y medidas eficaces para aplicar esa ley podrían reducir considerablemente el número de motociclistas lesionados.
Cinturones
Bien sabido es que el uso del cinturón de seguridsad reduce considerablemente la gravedad de las lesiones en las colisiones de tráfico. Las investigaciones recientes parecen indicar que esto reduce el riesgo de muerte en un 61 por ciento. Asimismo, la no utilización o el uso inadecuado del mismo para limitar el movimiento de los niños aumenta el riesgo de lesiones. A pesar de ello, tener asientos de seguridad para niños y la inmovilización adecuada de los pequeños que viajan en automóviles suele variar ampliamente de un país a otro.
Terapias
En muchas regiones del mundo se produce una ausencia casi total de servicios de gestión del trauma una vez que se han producido los accidentes. Tanto la falta de atención eficaz y puntual antes de ingresar en el hospital, como los largos períodos que transcurren entre la colisión y la admisión en el hospital (sobre todo en las zonas rurales) son factores que contribuyen al resultado final de las lesiones por accidentes de tráfico. Una vez en el marco hospitalario, la insuficiente disponibilidad de personal capacitado, medicinas y suministros en las salas de emergencia también contribuye a la mortalidad y a la morbilidad en las carreteras.
De acuerdo con el análisis de Naciones Unidas, a estos factores se suman otras variables determinantes como el diseño de las carreteras, la manera en que se aplican las normas de seguridad vial, la falta de programas de inspección de los vehículos y, por supuesto, las posibles fallas mecánicas de los mismos.